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Fuentes: David E. Aune, Word Biblical Commentary, Vol. 52: Revelation 1-5. (Waco, TX: Word, 1997), David L. Barr, “John’s ironic empire” in Interpretation 63 no 1 Ja 2009, pp. 20-30, Kenneth L. Cukrowski, “The influence of the emperor cult on the book of Revelation”, in Restoration Quarterly 45 no 1-2 2003, p. 51-64; Craig R. Koester, “Revelation’s visionary challenge to ordinary empire”, in Interpretation 63 no 1 JA 2009, 5-18; Robert H. Mounce, New International Commentary on the New Testament: The Book of Revelation, Revised Edition. (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans, 1998), Frank Thielman, Teología del Nuevo Testamento. (Miami: Vida, 2007)


Estos son los versículos de Apocalipsis que hablan del culto a la bestia y su marca. Estos versículos muestran la influencia del culto imperial sobre el libro: Apocalipsis 13.4, 13.14-17, 14.9, 15.2, 16.2, 19.20, 20.4.


El culto a la ciudad de Roma como diosa empezó temprano en Asia. Empezó en el segundo siglo antes de Cristo, en 125 A.C. en Esmirna, y en 29 A.C. en Pérgamo (Thielman). Hay monedas que muestran a la diosa Roma "reclinándose sobre las siete colinas donde Roma fue construida." (Koester).


Julio César aceptó el culto a si mismo. Augusto fue cuidadoso dentro de Roma, peron en las provincias aceptaba que dedicaran templos al culto de él. Calígula exigía homenaje a sus estatuas (Mounce).


Por siglos se creía que el emperador Domiciano insistía ser llamado "nuestro Señor y Dios" (dominus et deus). Pero ahor sabemos que esto fue una acusación contra él de parte de personas escribiendo después de su reino, personas con fuertes motivos políticos para atacarlo. Leonard Thompson investigó las acusaciones contra Domiciano y descubri+o un reporte que dice que "cuando Domiciando fue aclamado Dominus en una de sus fiestas de Saturnalia, el prohibió que lo aclamaran de esta manera (Statius Silvae 1.6, 81–84). No hay referencias a Domiciano como dominus et deus en las inscripciones, monedas o medallones del tiempo de Domiciano. (Aune)


Todas las siete ciudades de Apocalipsis 2-3 tenían "altares al emperador y un sistema de sacerdocios imperiales" (Barr), y por lo menos tres de estas ciudades tenían templos imperiales en ese tiempo:

  • Augusto ordenó la construcción en Pérgamo en honor a Roma y a su padre Julio César, en 29 A.C.
  • Tiberio ordenó la construcción de un templo imperial en los años 20 D.C. en Esmirna. Este templo fue el centro del culto imperial de toda la provincia.
  • Hubo dos o tres templos imperiales en Éfeso, incluyendo uno que Domiciano ordenó ser construido.

No fue el imperio mismo que presionaba a las personas alabar al emperador. Fueron las ciudades en Asia que presionaban. Las ciudades del imperio competían entre sí para recibir favores de Roma. Por esta razón hubo fuerte presión demostrar la lealtad de la ciudad al emperador, y el culto imperial era una manera importante de mostrar tal lealtad.


No debemos imaginar que las autoridades locales obligaban directamente a toda persona que rinda culto al emperador y otros dioses. En realidad, tal participación fue una parte normal de eventos políticos y cívicos, de reuniones de sindicatos profesionales y asociaciones de comercio, y otros eventos cívicos. Sería notable a todos los presentes si alguien no participara. La mayoría de la presión era la presión de conformarse a la mayoría, porque retirarse tendría adversos efectos sobre el trabajo, el prestigio, las amistades, y los contactos comerciales de uno. Y siempre había el riesgo de provocar una protesta a nivel local, que atraería la atención de las autoridades locales y terminaría en consecuencias legales.


"[El culto imperial] involucraba templos provinciales y municipales, estatuas, altares (tanto privados como públicos), y ritos al emperador en los templos de otros dioses. Actividades incluían eventos como festivales, desfiles, conciertos, juegos deportivos, espectáculos de gladiadores, sacrificios, y ritos cívicos y del hogar." "Además, hubo fuentes, baños, pórticos, y estatuas dedicadas al emperador a través de los espacios tanto privados como públicos. El culto imperial era un hecho pervasivo en la vida del público de Juan." (Barr)


La presión de adorar al emperador era tan fuerte que hasta los Judíos ofrecían sacrificios a Dios dos veces al día en el templo en Jerusalén por el bienestar del emperador. (Thielman, 686)


Según Kenneth Cukrowski, las oraciones no eran parte del culto imperial, pero los himnos, imágenes y títulos honorarios sí. Dice que hubo animales sacrificados a otros dioses en nombre de los emperadores pasados y presentes, pero la evidencia no es clara si ofrecieron sacrificios a los emperadores mismos.