http://articulos.giffmex.org > nuevo testamento > apocalipsis

Fuentes: Richard Bauckham, The Theology of the Book of Revelation. (Cambridge: Cambridge University Press, 1993); James Ressequie, The Revelation of John: A Narrative Commentary. (Grand Rapids: Baker Academic, 2009)


Richard Bauckham y James Ressequie dicen que Apocalipsis pinta un retrato de un "éxodo escatológico" de un nuevo Israel a la tierra prometida (la nueva Jerusalén). En este éxodo, Cristo saca su pueblo de Babilonia tal como Dios sacó que pueblo de Egipto. Lo que sigue es la evidencia que estos autores ofrecen.


Jesús se describe como un cordero que actúa como rescate (similar al cordero de la Pascua).


Jesús convierte su pueblo en un reino y sacerdotes que sirven a Dios (Apocalipsis 1.6, 5.10; compare con Éxodo 19.5-6).


Varias de las plagas en Apocalipsis dan eco a las diez plagas del éxodo.


En Apocalipsis 7 los santos son sellados para protegerlos de las plagas (especialmente en 7.3 y 9.4). Esto es similar a la protección que Dios dio a Israel durante la primera Pascua, cuando la última plaga afectó a los Egipcios pero no a los Israelitas que habían aplicado la sangre a sus puertas.


En Apocalipsis 10.1 las piernas del ángel se describen como pilares de fuego.


Los dos testigos de Apocalipsis 11 tienen el poder de convertir el agua en sangre y afectar a la tierra con todo tipo de plagas, tal como Dios hizo por medio de Moisés en Egipto (Apocalipsis 11.6). En Apocalipsis 11.8 Jerusalén es llamada Egipto.


Apocalipsis 15.2-4 se parece a Éxodo 15. En Éxodo 15 Israel cantó el cántico de Moisés al lado del mar después de la derrota del ejército de faraón. De la misma manera, en Apocalipsis 15.2-4 el pueblo de Dios "canta el cántico de Moisés" al lado de un mar. Además, en Éxodo 15.11 el pueblo canta las maravillas y proezas gloriosas de Dios y preguntan "¿Quién como tú?", y en Apocalipsis 15.2-4 el pueblo canta las maravillas y proezas gloriosas de Dios y preguntan, "¿Quién no te temerá?"


Los fenómenos cósmicos en Apocalipsis 16.18 son reminescientes de los fenómenos cósmicos que acompañaban la aparición de Dios en el Monte Sinaí en Éxodo.


En Apocalipsis 18.4 una voz celestial llama, «¡Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados ni recibáis parte de sus plagas!»