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Los primeros ocho versículos de Salmo 78 enfatizan la importancia de la transmisión de la Palabra de Dios a las siguientes generaciones:

Primero el salmista nos llama a prestar atención. En versículos 1-3, el salmista quiere transmitir lo que generaciones pasadas le había transmitido a él:

Pueblo mío, atiende a mi enseñanza;
presta oído a las palabras de mi boca.

Mis labios pronunciarán parábolas
y evocarán misterios de antaño,
cosas que hemos oído y conocido,
y que nuestros padres nos han contado.


Luego en vv. 4-6, el salmista nos dice que Dios ordenó que los padres en Israel comunicaran los hechos de Dios a sus hijos:

No las esconderemos de sus descendientes;
hablaremos a la generación venidera

del poder del SEÑOR, de sus proezas,
y de las maravillas que ha realizado.

Él promulgó un decreto para Jacob,
dictó una ley para Israel;
ordenó a nuestros antepasados
enseñarlos a sus descendientes,
para que los conocieran las generaciones venideras
y los hijos que habrían de nacer,
que a su vez los enseñarían a sus hijos.


Y en vv. 7-8, el salmista relata las consecuencias positivas de transmitir fielmente la Palabra de Dios a sus hijos:

Así ellos pondrían su confianza en Dios
y no se olvidarían de sus proezas,
sino que cumplirían sus mandamientos.

Así no serían como sus antepasados:
generación obstinada y rebelde,
gente de corazón fluctuante,
cuyo espíritu no se mantuvo fiel a Dios.