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En el Evangelio de Mateo hay muchos pasajes que nos llaman a ser receptivos al mensaje de Jesús, y a responder adecuadamente a este mensaje. En realidad, no hay diferencia para Jesús entre oír y responder. A veces usa la palabra 'oír' para significar 'responder.' El que ha oído bien, responderá bien. Y si uno no responde bien, es porque no ha prestado atención para oír bien.

En Mateo 7.24-27 la persona prudente edifica su vida sobre el fundamento del mensaje de Jesús, y la persona necia no lo hace.

Cuando Jesús envía a sus discípulos a una campaña evangelística en Mateo 10, les instruye que no deben perder su tiempo con las personas que no los quieren recibir. Deben más bien sacudir el polvo de su calzado como un acto simbólico contra las personas inhospitalarias (Mateo 10.11-15).

En Mateo 10.40-42 Jesús sigue con las instrucciones antes de la campaña evangelística de los discípulos. Jesús dice que la recepción, o no, de los discípulos indica la receptividad de estas personas a Jesús mismo, e indicará la recompensará que recibirán estas personas en el día final.

«El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.» (10.40-42)

En Mateo 11.16-19 Jesús critica a sus contemporáneos porque no recibieron ni a Juan ni a Jesús, por razones contradictorias: se quejaron que Juan tenía demonio por su asceticismo, y se quejaron de Jesús por su supuesta gula. Habían recibido llamados en dos maneras distintas, y rechazaron a ambos.

Mateo 13.1-9 es la parábola del sembrador, y Jesús explica la parábola en 13.18-23. Las tierras donde el sembrador siembra sus semillas representan las personas y sus diferentes estados de receptividad a Jesús y a su mensaje. El moral de la parábola se expresa en v. 9: «El que tiene oídos para oír, oiga.»

En Mateo 13.10-17, entre la parábola del sembrador y su explicación, Jesús explica que usa parábolas para sus enseñanzas con la intención de ocultar su significado de las personas que no hacen el esfuerzo necesario para entenderlas, y de revelar sus enseñanzas únicamente a las personas que oyen con atención y receptividad. El describe a las personas no receptivas como personas que han cerrado sus ojos y cuyos corazones se han vuelto insensibles. Jesús critica la 'dureza de corazón' en Mateo 19.5 también.

En Mateo 17.5, la voz de Dios, que habla desde las nubes de la transfiguración, les exhorta a los discípulos a atender bien a Jesús: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.»

En Mateo 18.15-18, Jesús instruyó a sus discípulos a amonestar a los creyentes que causan ofensas. En cada paso del proceso (amonestar personalmente, amonestar con la ayuda de uno o dos personas, amonestar como iglesia), Jesús dice como responder «si los oyere» o «si no los oyere».

En la parábola del banquete en Mateo 22.1-14, Jesús compara a sus contemporáneos con invitados a una boda que hacen excusas para no asistir. No son receptivos a la invitación.

En Mateo 23.37 Jesús llora sobre la ciudad de Jerusalén, que siempre a matado a los profetas que Jesús les había enviado para unirlos a él.